Un segundo y todo cambia.

Fernando ya no tenía nada que hacer.

De repente, y por esos segundos de la vida, le transformaron su brújula en una ruleta.

Tuvo suerte, la bola paró donde tenía que parar. Donde hace millones de años, alguien sabía que existiría ése segundo en el que la bola pararía donde tenía que parar.

No lo dijo. Lo hizo.

Marco Enzo Javier Facundo Juan Francisco Ernesto Justin Rómulo Rodrigo Rogelio Amalio González no sólo era reconocido por ser el ser humano con más nombres.

Él inventó un invento.

Logró algo que no muchos pueden. No decir tanto y hacer mucho.

Su sistema era simple, como todas las buenas ideas.

Todo lo que decía se hacía en el momento en que lo decía.

Marco Enzo Javier Facundo Juan Francisco Ernesto Justin Rómulo Rodrigo Rogelio Amalio González no sólo era reconocido por ser el ser humano con más nombres y hacer todo lo que decía.

Él dijo que sonriéramos aunque estemos tristes, que besemos aunque no nos guste, que abracemos aunque odiemos, que hablemos antes de pelear, que si peleamos lo hagamos por un mundo mejor, que cantemos dentro de la ducha y afuera también, que durmamos, que soñemos, que cumplamos, que el arma más poderosa sea la mirada de un bebé, etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc.

Relato de un frisbee.

Vengo y voy. Voy y vengo. Generalmente en espacios verdes o en playas.

Me usan para divertirse. Pero todavía no logro entender qué les genera tanta risa a los que juegan conmigo.

¿Que me caiga? ¿Que no me agarren? ¿Que me metan la mano por el agujero?

Si junto con un amigo nos pusiéramos a lanzar a un humano dejándolo caer estoy casi seguro de que no nos haría mucha gracia. No nos daría risa. Y creo que a ese humano, tampoco.

La estupidez humana tendría que ser tratada como un frisbee.

Imbéciles.

Soledad, la consejera silenciosa.

Es feo pasar tres días sin bañarse. Pero es peor que a nadie le moleste tu olor.

No tenés a nadie que te hable, no tenés a nadie que te escuche, no tenés a nadie que te huela.

Y te empezás a acostumbrar a olerte solo.

De repente y sin decir nada, te das cuenta de que alguien te habla.

Te habla tan bajito que pensás que es tu imaginación. Pensás.

Se detiene el tiempo. Pensás de nuevo.

Te das cuenta de que extrañás tanto que no vas a extrañar extrañar nunca más.

Es ahí cuando decidís, con mucho jabón y agua caliente, volver a bañarte todos los días.

Es ahí cuando decidís volver.

Para mamá.

Un año atrás le detectaron cáncer de mama a mamá.

En 15 días iba a cumplir su sueño. Su sueño era conocer el glaciar Perito Moreno.

Mi vieja canceló su viaje. Canceló su sueño.

Un año de dolor. Un año de esfuerzo. Un año aguantando. Un año que ya pasó.

Hoy llegó de vivir su sueño durante 15 días.

Te quiero mucho.

Danosunecerveza.

-A festejar- Dijo el exitoso.

-A ahogar penas- Respondió un desgraciado.

-A por cerveza- Gritó otro a lo lejos.

Festejando, ahogando penas y tomando cerveza, se encontraron los tres en un bar.

Intercambiando roles por un rato como quienes juegan 66 manos de póquer seguidas sin pedir un descanso.

Disfrutando después de ahogar penas. Ahogando penas luego de disfrutar.

Tomando cerveza.

La tormenta que nunca paró.

Ganaron.

Estaba todo listo para que fueran a jugar el partido.

A las 8 PM empezaba a rodar la pelota.

Aunque el partido sólo duraría una hora, eran los 90 minutos más importantes de su día.

Una gota cayó.

Otra gota cayó.

Otra gota cayó.

Otra gota cayó.

Derrotados por no poder jugar, sus lágrimas comenzaron a mezclarse con las gotas que caían al césped sin parar.

La tormenta nunca paró porque nunca comenzó.

El semáforo con rastas.

Manuel caminaba hacia su casa más colgado que el collar que llevaba puesto.

Antes de subirse a los escalones de la senda peatonal, vio las luces del semáforo titilar.

Pasaban del rojo al verde, del verde al amarillo, del amarillo al verde, sin parar.

Manuel se puso a bailar al ritmo del equalizador vertical.

La campana silenciosa.

En el norte del Polo Sur hay un pueblo que no existe en el mapa. Shh era el pueblo más silencioso que jamás haya existido en la realidad.

Sus 2120 habitantes se conocían como a las 4240 palmas de sus manos.

La particularidad de este lugar tan particular era que no existían las voces. Tampoco existían los sonidos.

Reinaba el silencio hasta del rey.

Pero un día, una campana tronó.

Todos quietos se juntaron alrededor en un silencio más profundo que el de costumbre.

Pasaron 25 segundos hasta que un paisano, muy calladito, gritó mirándolos a todos: "What the fuck?"

El zapato celoso.

Lucas visitaba la ducha todos los días.

Inconscientemente, a la araña también.

Ella lo miraba atenta desde un rincón.

Después de un mes, llegó el momento en que esos ocho ojos se juntaron con otros dos.

Amor por un lado. Terror por el otro.

Un zapato estampó el final de esta historia.

Testimonio de Mareo González.

Cuando me voy a dormir, siempre sueño con soñar algo que pueda cumplir.

Duermo, sueño, cumplo, despierto, no cumplo, tengo sueño, duermo, sueño.

Lo peor de todo es que no sé si estoy soñando ahora mismo.

No creo, porque en tal caso, no podría estar escribiendo. Aunque si mi sueño es escribir, puedo estar cumpliendo mi sueño.

Mi sueño es soñar.

Ya que es gratis, y tengo la cantidad suficiente de gratis, sueño.

No sé si cumpla todo lo que sueño, pero si me preguntan si soñar es cumplir un sueño, cumplo.

Cumplo mi sueño de soñar.

Me parece que los estoy mareando, y si esto no es un sueño, los estaré aburriendo.

Los estoy aburriendo.

La sandía cuadrada.

En la verdulería de don Mauricio se compran las mejores verduras.

Y también las frutas.

Son tan perfectas que en su cáscara tienen el nombre de quien las va a comprar.

Ernesto, Marcela, Roberto, María.

Cada uno de ellos tiene su fruta personal.

Ayer, un cliente fue en busca de su preferida.

Sorpresa es poco lo que se llevó al ver que una sandía cuadrada tenía su nombre.

INF.

La manzana permitida.

Lucas era un applelier muy respetado en la República de Mansas Manzanas.

Antes de comer la primera, la probó. Pero no la aprobó.

Le trajeron la segunda. Era de segunda.

Le trajeron la tercera. Estaba vencida.

Y a la cuarta le puso un 10. Del 1 al 100.

Lucas no tiene prohibido morder la manzana.

¿Tiene prohibido que le guste?

Si le gustara ¿tendría prohibido morderla?

Hostoria corta de mi soledad.

Me siento solo.

Ecsperimental Tecst.

Sientes dolor. Y nadie te pregunta por qué. Porque no tienes a nadie.


Piensas en quitarte la vida, pero en la acción haces una canción.


Creen que estás loca, pero sólo eres así.


Eres tú. Eres Björk.


Eres Björk escribiendo Bachelorette. Y yo soy yo escuchándola.


Texto experimental de Lücas Gömez.

Sapo que posa.

El sapo salta y posa.

Flash.

Salta.

Posa.

Flash.

Salta.

Posa.

Flash.

Salta.

Cae dado vuelta.

Sapo.

Sh.

Dolor.

Daniela se llamaba Daniela por no llamarse María.

Tenía 23 años por no tener 54.

Le dolía todo el cuerpo por no tener un buen trabajo.

Ahora no tiene un mal trabajo porque ya lo abandonó.

Lo que no abandonó fueron sus ganas de crecer.

Así, con 54 años poder seguir llamándose Daniela.

Y, sin un solo dolor, poder ser cada vez más joven.

Pumen.

Un estudio realizado por la Hostien University refleja un resultado sorprendente.

Los individuos estudiados, dieron positivo en la patología Mal Alientus cuando hablaban en forma negativa.

En el instante en el que se comienza a hablar despectivamente, el olor opuesto a una rosa, comienza a fluir de entre sus dientes.

Por el contrario, los sujetos que tenían algo positivo para agregar al medio ambiente, no padecieron ningún tipo de anormalidades.

Un día es una vida.

Albert siempre hace lo mismo.

Siempre duerme.

Siempre despierta.

Todos los días hace de su rutina una rutina.

Aburrido.

Pero nadie sabe, ni siquiera él, que cada vez que duerme, muere.

Sus sueños son tan profundos que lo entierran.

Despierta, nace y hace.

Tecla 2.

Mendoza, 8 de Junio de 22010.

La máquina de escribir es única. Como la oportunidad de no equivocarme cuando escribo.

La maquinaria, la tecnología y el iPhone 4 me están dejando fuera del mundo. Flotando.

Espero que algún día, podamos volver al pasado gracias a ésos electroavances.

Y así, sin teclados con delete, poder disfrutar de equivocarnos.

Macarena.

Bípode.

Dos piernas sostenían 22 años de su conciencia.

Sucia, limpia, mucha.

Su cuello contracturado le hizo agachar la cabeza.

Fue así que comenzó a limpiar su conciencia. Y a ensuciarla.

Benjamin Cannon.

Ochenta y cuatro años tenía Benjamin, pero tenía más de ochenta y cuatro pelos.

Gris como una película de Chaplin, su cabellera lo acompañaba a donde quiera que vaya.

Uno de los muchos días de su vida, descubrió algo que lo dejó blanco: Una cana negra.

No supo si sacársela, no supo si dejársela. Sólo supo que no era normal y que una cana no lo iba a cambiar.

Equivocreación.

Lara caminaba sobre las piedras. A la orilla de un lago tan quieto que parecía pintado.

Pensaba en qué pensar.

Después de varios metros mirando hacia abajo, pensó: "Quien creó el mundo, se equivocó. El hambre en el mundo es uno de los problemas más catastróficos. Hay miles de piedras. Miles de millones. Cómo me gustaría caminar sobre bollos de pan".

Joaquina y su estrella.

Un día, Joaquina y su papá estaban de campamento en la laguna de Yancán. A la noche, ni los bichitos de luz se atrevían a entorpecer la vista del increíble cielo estrellado.

Omar, el padre de Joaquina, miraba atentamente las estrellas junto a su hija cuando de pronto escuchó gritar a Joaquina: "¡La !"

La niña le dijo a su padre que logró ver una estrella fugaz a lo que el padre dudó, ya que estaba viendo sin pestañear en la misma dirección.

Omar le dijo a Joaquina que no hacía falta mentir en tonteras. A lo que ella respondió: "Es verdad. Pasó tan rápido que no la viste."

Una mentira puede ser mentira. Y una verdad puede ser fugaz.

Tiempo.

En el techo de un templo griego, vivía Tempócrates. Un filósofo cuyo nombre se lo atribuyó su labor. Era filósofo del tiempo.

Todas las tardes los crates chicos se sentaban a su alrededor para escuchar sus pensares.

"Dejar una hora esperando a una dama en un restaurante es mucho, pero mucho más son dos minutos adicionados en tiempo cumplido en un clásico entre el Olimpiakos y el Panathinaikos"

"Un día, se pasa volando. Pero si estuvieras un día en la cárcel, te gustaría saber volar."

"Feliz cumpleaños. Pero con el tiempo, no te pone feliz festejar."

"Una canción dura lo que dura. Pero algunas quisieras que duren toda la vida."

"El beso puede ser de un segundo. Lo que dice ese beso puede ser eterno."

Cada segundo que pasa es un minuto que se cumple. Cada minuto que se cumple es una hora que se pasa. Cada hora que pasa es un día que se cumple. Cada día que se cumple es una semana que pasa. Cada semana que pasa es un mes que se cumple. Cada oración que leés de este párrafo es tiempo perdido.

Guanted.

¿Caminás tranquilo por la vereda? ¿Estás tranquilo en tu casa mientras tomás mate con galletas?

Quizá te busca la policía hace 5 años.

Por algo que no hiciste o hiciste sin querer.

Mirá para atrás. Pero no tropieces con quien te sigue.

Tranquilo.

Art Nicero.

Siempre me pregunté cómo algo cotidiano se convierte en arte.

El trabajo de un carnicero es cortar carne.

Es cortar carne para que uno la coma.

Que uno la coma lo más tierna posible y con la cantidad justa de grasa, si es que se quiere.

El carnicero es un artista. Y lo más destacable es que todas sus obras son frente a los ojos de los clientes.

A través de una vidriera, hace su arte. En vivo y en directo. Sin equivocarse.

Un carnicero no corta carne, la esculpe.

Carrera de Vida.

Cada persona, día a día, mejora su currículum vitae.

Certificados, entradas a seminarios, cursos de lo que sea son bienvenidos al folio.

Experiencia laboral, pasantías no rentadas y rentadas con suerte.

Prestigio por estar en tal empresa.

Idioma inglés avanzado.

Estás yendo a la entrevista más ansiada. O mejor aún, llegás al primer día de trabajo en la multinacional tan deseada.

Cae un meteorito a la Tierra y ese meteorito es tan grande que supera el tamaño de nuestro planeta.

¿Vas a anotar en tu CV que sobreviviste?

Anabella.

Ella era tristemente feliz.

Pero cosméticos franceses y prendas de Chanel no pudieron evitar que más de diez le rompieran el corazón.

Sus lágrimas limpiaron su maquillaje.

Anafea murió.

Anabella nació.

Un espejo de otro planeta.

Martén era su nombre y vivía en Marte.

Mientras lavaba sus dientes para irse a dormir, se miró fijamente en el espejo y dijo en voz alta: "Qué lindo soy".

Bajó la cabeza para enjuagarse la boca.

Pero cuando se asomó nuevamente al espejo algo terrible pasó.

Un humano apareció detrás de él.

Un espejo en el cielo.

Muy contento viajé al vecino país a un congreso de diseño gráfico.

Llevé mi remera preferida. Esa que me diferencia de los demás.

Qué mala y buena suerte que tuve. Un chico vestía la misma remera. Precavido por dos, llevaba otra remera en mi mochila.

Nos miramos y dándonos rápidamente la espalda cada uno fue hacia un puntos cardinales opuestos.

Nos vimos otra vez. En el baño. Cuando cada uno se cambiaba su remera.

Dicen que tenemos un gemelo por el mundo.

A un compás de que termine el tema.

Iba caminando por el centro de la ciudad camino al trabajo.

Llevaba un jean clásico, una remera con estilo y unos auriculares en las orejas.

Estaba a punto de cruzar la calle cuando de repente, todo lo que lo rodeaba exceptuándolo a Él, se puso en cámara lenta.

Miró para su derecha y un auto estaba a metros de catapultarlo.

Aceleró su paso y pasó.

La música es hermosa. Sólo hay que escucharla con responsabilidad.

Reprobé.

Fui al centro comercial a cambiar una remera que me regalaron porque no me gustaba el color.

Una vez que realicé el cambio por un pantalón del mismo valor, me dí cuenta que la chica que me atendió, me había metido en la bolsa del local el pantalón y la remera que cambié.

Rápidamente le devolví la remera argumentándole que se había equivocado.

Me recompensó con un "gracias".

Dios me había probado.

Mientras caminaba de regreso a casa, planteándome si me tendría que haber quedado con la remera, mis ojos apuntaron hacia una billetera azul que estaba tirada en el piso.

Luego de que mi corazón latiera más rápido, la recogí y miré rápidamente hacia su interior.

Habían documentos y un sobre con dinero adjuntado a una boleta de una casa hipotecada por $22.000.

Dios me probó de nuevo.

Ojos.

Ojo con el vaso que se te va a caer.

Ojo con el jarrón de cristal oriental de la abuela.

Ojo con la cola del perro.

Ojo con el café cerca de los apuntes.

Ojo con el enchufe.

Ojo con los fideos.

Ojo con el ojo: Dos ojos.

Los ojos son el doble de delicados que cualquiera otra cosa.

Cuidá tu vista, sino no vas a poder leer más historias para que te cuides la vista.

Moriría del miedo.

Voy a contar algo que me pasó en un campamento de la escuela.

"Casa abandonada en el medio del bosque.

De noche.

Sombras iluminadas por la luna blanca.

Hojas que crujían como si las pisaran unos borcegos talla 45..."

Es obvio que es mentira. Moriría del miedo y no estaría para contarlo.

Con dor.

Amarilla era la taza que estaba vacía.

Dos segundos después, llena hasta el tope de leche.

No había azúcar, no había té.

No había cacao, no había café.

Tenía galletas de todas las clases, pero la leche sola es más fea que leche sola.

Buscando entre los escombros de la alacena, el milagro se produjo.

Ese tetra glorioso, inconfundible, clásico de la adolescencia golosa: Un trofeo de chocolate líquido apareció un segundo antes de llenar mi taza vacía.

Relojeando el miedo.

Ramón tiene 30 años, un trabajo estable y una buena familia.

El Lunes, sin poder dormirse, miró la hora. Eran la 1:11. Se sorprendió porque siempre veía la hora en número capicúa.

Se refregó en las sábanas durante un rato y miró nuevamente el reloj digital. Marcaba las 2:22.

Rápidamente, se volteó dándole la espalda al reloj. Un espejo reflejaba una hora: Las 3:33.

En forma de brisa, le entró un leve temor. Y ya entregado al desvelo entró en el juego.

Dejó pasar los minutos y cuando vio la hora, eran las 4:44.

Pasó lo mismo con las 5:55. Pero estaba tranquilo porque el embrujo se terminaría ahí dado que el reloj no puede marcar las 6:66.

Entre dormido, ojeó el reloj. Eran las 6: 63. Sonrió. Se durmió tranquilo.

Nunca más supieron de él.

Ella.

Era hermosa. Para algunos.

Era horrible. Para otros.

Era ella. Para uno.

Su noviecito de primaria le decía que era única. Su esposo se lo sigue repitiendo después de cuarenta años.

Ladrador Retriever.

Estaba el blanco perro, sentado en un amarillo limonero.

Mirando las pelusas que por el viento transparente volaban.

Colorida y curiosa, una mariposa se apoyó sobre la nariz del can.

Con los ojos cruzados, la miraba fijamente. Ladró. Ella voló.

Salió corriendo en busca de otra. Lo único que encontró fue una mosca, que apoyada en un excremento, partió hacia esa deseada nariz en forma de reposera.

Se repite la historia. El perro ladró. Ella voló.

Yo, mientras miraba el canal de las noticias, tomaba mi sopa.

El viento soplaba hacia adentro. Y la ventana estaba abierta.

Manuel ve el grano después de ver el Sol.

Lavándose la cara con agua fría para despertarse, miró por la ventana y lo encandiló el Sol.

Volvió su rostro hacia el frente y se reflejó en un espejo enmarcado en bronce.

Se dijo así mismo que iba a crear una bandera que representara a su país.

Pero antes que nada, iba a esplotar la espinilla que descubrió en su cara.

Historia verídica de una nuez.

Había una nuez en una bolsita artesanal.

Alguien la agarró y se la comió.

3D.

Me levanté a las 7:30 AM como si fuera una persona normal. Desayuné café tibio y facturas de dos días atrás. Agarré las llaves del auto y arranqué hacia mi quinta entrevista de trabajo en el mes.

Cuando llegué, había una cola más larga que las que se ven en la costa de Miami. Pegué la vuelta y volví a casa a dormir.

Colgado como un elefante en una telaraña me calcé unos anteojos rojos y azules de colección que venían con la revista Billiquen que me compraba mi mamá cuando tenía 7 años.

Casi dormido, y con los lentes puestos, abrí los ojos rápido y algo se me venía hacia mí a una velocidad terrible.

Me morí del susto.

Uno nunca sabe cuando le toca. Viví todo lo que más puedas mientras puedas.

El olvidadizo.

Un día como todos. Con mañana, tarde y noche.

Se despertó dos horas y veintitrés minutos tarde. Se olvidó de poner el despertador.

El micro de las horas pico se le pasó por regresar a buscar la mochila a su casa.

Triste, se echó al sofá pero justo se dio cuenta que el control remoto del televisor estaba en la mesa.

Puso el canal de las noticias políticas y se murió luego de dos minutos y cincuenta segundos con los ojos abiertos. Se olvidó de respirar.

Te lo advertí.

A las 21:30 en punto de los días Jueves, se encontraban en Suipacha y Belgrano. Un esquina en la que solo el viento los espiaba.

Se iban besuqueando sonriéntementes en tu camioneta 4x4 que no te costó mucho comprar.

Cuando llegaban al lujurioso albergue transitorio, no podían esperar a que se hicieran las diez menos cuarto. Desesperados por ese momento semanal, se enredaban en las sábanas casi sin poder salir.

Pero ese día no fue como todos. Al resvalar con el borde de la hidromasajes, te partiste la cabeza quedando inconsciente.

Por como son las cosas de la vida, la mujersuela en la que tanto confiabas te sacó todo el dinero y se marchó sin darte un beso.

La que siempre estuvo fue tu esposa, que esta vez se enteró que la necesitabas porque un paramédico, al ver el número de urgencias de tu cédula de identidad, la llamó desde el motel.

Adiós.

"En realidad lo que pasó, fue que iba caminando hacia el restaurante a la salida del laburo al mediodía, y de repente me colgué viendo a mi sombra. En chiste me frené mirándola fijo.

¿Podés creer que la sombra siguió caminando?

Ahí es cuando la empecé a seguir, corría sin poder alcanzarla, no podía perderla de vista.

Después de unas tres cuadras, y a unos metros de distancia, ella fue la que paró antes de entrar a un oscuro callejón. Yo también me detuve.

Pasaron unos segundos y me saludo lentamente con su mano. De su cara cayeron sombras de gotas.

Yo también la saludé. Yo también lloré."

Bumerán.

-¡Claro que me voy a enojar!, si cuando te encargué que le agregaras sal, te pedí por favor que te fijaras bien las medidas. Ahora está intragable. ¿Qué va a decir tu padre?

-Perdón mami, pero es que no pensé...

-¿Qué no pensaste?

-No pensé que fuera a quedar salado.

-¿Salado? Está asqueroso. Nunca vas a aprender a cocinar. Ni pensar que querés ser cocinera.

-Bueno, no es para tanto mamá. Lo hago de nuevo.

-Ni loca, ahora lo hago yo. Ni siquiera le debés haber puesto levadura.

-¿Porqué no dejás de criticarme? Es lo peor que podés hacer.
Acaso no te acordás que para Navidad, el pollo te salió crudo y tuvimos que llenarnos con pan pasándolo con champagne. Vos sos la que no sabés cocinar.

Largaron.

Dos amigos apostaron toda su plata a un caballo que seguro ganaría esa tarde dominguera en el hipódromo de San Isidro.

Ochenta y dos mil pesos a un caballo, a una carrera.

El animal llamado Luz parece que se apagó.

Salió último.

Largaron, largaron todo su dinero al guano.

Permitido y prohibido pasar.

Un cartel invisible que pocos pueden ver, te advierte que pases pero con cuidado.

Cuenta la leyenda que desde los tiempos más profundos, hombres desconfiados corrían las telas de sus chozas rápidamente esperando encontrar a sus esposas con otro.

Abrir una puerta es como abrir un viejo y polvoriento baúl lleno de recuerdos.

Cuando uno abre una puerta, está a punto de guardar un momento, bueno o malo, en el fondo de su memoria; tal como en un olvidado baúl que te hará acordar una vez más, como el cartel invisible, que tengas cuidado con lo que hay detrás de una cerradura.

ZZZ - N.

Llovía mientras caía el Sol.

Corría con todas sus fuerzas llevando entre sus brazos la pelota de fútbol que tanto amaba. Había saltado el gran alambrado del vecino que terminaba en lo más alto con filudas puntas en forma de cuchillas.

Lo perseguían tres perros Doberman furiosos y hambrientos que se soltaron de rabia de sus cadenas.

De sus resvaladisas manos se deslizó el balón cayéndose al pasto mojado.

¿Volvió o no volvió?

Volvió. Y perdió mucha ventaja.

Cuando comenzó a escalar de regreso, un desesperado tarazconazo le arrancó parte de una pierna que chorreaba en sangre caliente.

Se despertó transpirado de una de sus peores pesadillas.

Pero de todo el cuerpo, solo le sudaba un pie.

¿Cómo como?

Qué sorpresa se llevó: Su panza le pedía a gritos y su boca de comer se olvidó.

Desesperado abrió la heladera que estaba llena de innumerables alimentos. No podía comer porque de comer su boca se olvidó.

Tenía dos piernas, dos brazos, una cabeza, dos ojos, dos orejas y hambre. No podía comer porque de comer su boca se olvidó.

No podía comer por que la heladera nunca existió.

Creer.

En un cajón lleno de polvo y hojas encontré una carta que escribí hace tiempo.

Decía lo siguiente:

"A quien la lea.
Me encontraba en una solitaria noche de estudio. Estaba en mi escritorio lleno de papeles de caramelos, paquetes vacíos de galletas y vasos.
También había una botella de gaseosa por la mitad.
Concentrado a más no poder y en el más profundo silencio, sentí un suspiro. Miré a mi alrededor y mi perro no estaba en la habitación. Volví a lo mío. Pero volví a escuchar una intensa respiración. Insólitamente para mis ojos anonadados, la botella de gaseosa respiraba.
Escribo esto quizá para contármelo a mi mismo, no espero que alguien me crea."

No me creo.

¡Corten!

Por esa vereda que brillaba como la alfombra roja de una pasarela top de Hollywood, caminaba ese joven rubio musculoso ojos celestes.

Al compás de sus lentos pasos se sumaban más y más miradas femeninas.

Esas mujeres bellísimas que estaban sentadas tomándose un trago fresco en aquel bar londinense, adoraban al hombre de camisa desprendida y boca perfecta.

Caminaba como en cámara lenta mientras el viento le corría suavemente su sedoso cabello hasta que le cayó una caca de paloma en uno de sus pómulos.

Pancarta.

En una confitería ubicada en las playas caribeñas de Colombia, compraba todas las mañanas dos rebanadas de pan recién horneado y con su triste barba tomaba Sol en la arena contando las olas.

Siempre lo atendía una morena, ojos azules muy simpática y sonriente.

Se casaron.

Cinco meses antes, la morena le dio dos rebanadas de pan caliente. Pero en una decía finamente con una fibra color roja: "Eres muy bonito. Mary (marymaria@hotmail.com)".

La mano y el mouse.

Derecha, una mano muy hábil y precisa, gozaba de la tenencia de un sedentario y vago mouse llamado Genius.

Sus caricias constantes, a veces lo hacían rodar de las cosquillas.

Pero un día, algo le hizo click a Genius. Se sintió usado. Tan usado que su corazón en forma de láser dejó de brillar.

La mosca y la pared.

Volaba con alas, miraba con ojos y de la pared estaba enamorada.

Con el viento se asustaba y a las manos les tenía terror.

Un día estaba dormida sobre ella y de repente sus ojos no se abrieron más.

Una mano la alcanzó.

Su alma decansa junto a la pared, que poco a poco se descascara llorando de pena.

Cambiamos al ritmo del mundo.

Con una sonrisa que le rodeaba la cabeza iba jugando al balero.

Después sacó un Yo-Yo y un Tiki Taka y se puso a agitarlos al compás.

Feliz.

Hasta que lo encandiló una luz y lo dejó con las manos quietas por mirar esa Nintendo DS doble pantalla touch con wifi modelo 2008 con la que jugaba el nenito de al lado.

Pasos al costado.

A pasitos caminaba por el parque en busca de veinte centavos que le faltaban para el colectivo.

Se cansó de perseguir el camino de ladrillo por el que buscaba, y frustrado se sumergió en el esponjoso pasto verde.

Se sentó y miró al costado. Dos pesos se encontró.

Que haya un camino no significa que hay que seguirlo. Rompé las reglas.

Vi la luz.

A 124 kilómetros por hora, casi llegando a esa curva tan curva que no estaba en mis planes, un flash me llevó a otro lado.

Esa luz que me encandilaba me dijo sin prólogo: "Pelotudo, yo voy a 300.000 kolómetros por segundo y vos por ir a la velocidad que vas te creés muy vivo. Ahora lo sos, pero después de esa curva sos muerto. Bajá la velocidad y empezá a valorar tu vida".

Estaba muerto por un segundo. Y vi la luz.

Ojo.

Mientras caminaba poco tranquilo por el interminable pasillo oscuro, abría los ojos cada vez más.

No importaba que no hubiera luz. Él creía que si los abría más y más, iba a desaparecer la oscuridad.

Más y más. Los seguía abriendo más y más. Hasta que llegó a su cuarto y se relajó.

¿Abrimos los ojos en la oscuridad porque queremos ver más o porque nos asustamos de los fantasmas que no vemos?

Se fue de caza.

Cargó las armas y se fue de casa sin saludar.

Tres horas de sinuosos caminos lo separaban de su esposa.

Dos noches cazando jabalíes en aquel campo lo hicieron reflexionar.

Uno de ellos lo cazó a él.

Cero lágrima le quedó a su mujer de tanto llorar por su triste muerte.

Pensar que no se despidió cuando se fue de caza por una tonta pelea.

Un segundo.

En la noche oscura, el cielo pintado a escala de grises repartía estrellas fugaces a quien no las pedía.

Manuel pidió una. Nada pasaba. Se cansó de mirar el cielo a 45º. Rogó por favor que una estrella le pintara de colores su noche blanca y negra. Nada pasó.

Y justo cuando bajó la cabeza...

Por un instante, nunca se enterará si su estrella fugó.

El hombre de barba larga.

Día a día, centímetro a centímetro, su barba crecía.

Nadie nada le decía, pero un vago parecía.

En silencio, pedía ayuda a gritos.

¿Se está dejando la barba o se está dejando?

Mal de olores.

Cuando estaba yendo al médico, se la olía mal. Y tenía razón.

Le diagnosticaron Mal de Olores. Esta enfermedad no muy común, se trata de la pérdida de olfato de todos los ricos aromas.

Desde ese momento, Lorena no se enamoró de nadie más porque todos los que le gustaban tenían feo olor.

Quizás el amor no entra por los ojos, entra por la nariz.

Y como están estos tiempos, quizás se ponga de moda el amor a primera olida.

¿Cuenta regresiva?

15, 14, 13 12, 11... Seguía mirando el reloj digital de pared sin saber qué pasaría cuando llegue a cero.

Los diez últimos segundos fueron como diez años para él. Pensó, sudó, soñó. Finalmente, el reloj se detuvo.

Paró en el número 1.

Luego de diez años, el reloj comenzó a contar nuevamente.

1, 2, 3, 4, 5...

¿Qué estás esperando realmente?

Cangrejo: Dé un paso al frente.

Lo que le pasó a este crustáceo fue loco. Era una reunión de cangrejos soldados en la playa del faro de La Serena. Y cuando menos lo esperó, le ordenaron a Carolo que diera un paso al frente para asignarle una misión.

Carolo sabía que estaba ante el desafío más grande de su vida marina. Decenas de segundos pasaron, mientras su cara roja de concentración sudaba con olor a mar.

Lo hizo. Dio un paso hacia atrás. Le asignaron la misión y la cumplió.

A veces retroceder es avanzar.

Música para la oreja.

Marcos estaba con sus queridos amigos en su casa de fin de semana. Era Sábado y era de noche.

Entre risas y copas, todos sentados alrededor de la mesa, se divertían sin poder parar. Lo que si paró fue la melodía, aturdida de tanto sonar. Ese equipo de música de los 80 no gustaba de la canción que tocaba al descompás.

El silencio se escuchaba justo cuando alguien hablaba sobre lo que nadie tenía que escuchar.