La noche es oscura hasta que llega la luz.
Ella quería jugar con muñecas, él vendía droga para que no lo mataran.
Él quería que le leyeran un cuento antes de dormir, ella se prostituía por obligación.
Ellos tenían algo en común: no tenían más de 13 años.
Hasta que un día llegó la luz. Una luz cilíndrica que caía del cielo gris.
Poco a poco, los niños de todo el mundo se fueron juntando alrededor.
De repente, la luz comenzó a aspirar uno a uno a los pequeños.
Junto a un coro de lindas risas, la temible nave, para algunos barbudos, se pudo ver en el cielo despejado.
Llegó la luz. Y la oscuridad para algunos hijos de putas.
Una siesta con los ojos bien abiertos.
Desde el décimo noveno piso del edificio
Sol Andino, Marcello ve cosas que otros no ven.
Como por ejemplo, ayer. Que en lugar de
dormir su clásica siesta dominguera, se asomó al balcón a tomar algo y aire.
De repente, pudo localizar a Joaquín. Un
tipo que parecía una hormiga en la terraza del edificio de al lado, que tiene
sólo cinco humildes pisos.
Fue inevitable hacer la comparación con
una hormiga, es por eso que esbozó una leve, pero muy leve sonrisa. La que se
fue rápidamente cuando lo escuchó hablar a los gritos con el viento.
“¿Por qué a mí? ¡Sólo quiero que me
respondas eso! No te pido más. Contéstame eso y no te jodo más. ¡Dale! ¡Habla!
¿Por qué a mí?”
Ya con los ojos abiertos como 2 monedas y sin tomar
tanto aire, Marcello mira a la hormiguita caer. Como cuando alguien se tira
desde la terraza de un edificio.
Era él.
Estaba sentado en la butaca 32, pasillo mientras los miraba atentamente.
Ella y él tenían auriculares.
Los dos estaban escuchando el mismo tema.
Los dos estaban pensando lo mismo.
Al principio del viaje, los dos querían llegar a su destino. Ahora, quieren que el viaje no termine más.
Los dos se querían. Pero ninguno se animó a mirar al otro durante tres segundos seguidos.
Sé lo que le pasaba a ella porque yo escribo esta historia.
Y sé lo que le pasaba a él porque ella se sentaba en la butaca 33, ventana.
Una cosa.
Ramona tiene un problema.
Aldo tiene la solución.
Aldo tiene un problema.
Ramona tiene la solución.
Ambos tienen una casa en común.
Muy atardecer para el amanecer.
Amaneció, pero todavía quedaban pedazos de noche tirados por ahí.
Hacía un poco de frío. Como para engañarlo con un saquito desprendido.
Hacía un poco de frío. Como para engañarlo con un saquito desprendido.
Con los ojos pesados, pudo levantarse lentamente hasta descubrir que había dormido toda su vida.
Hasta descubrir que rápidamente murió.